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R e l i g i ó n

¿MIENTE LA IGLESIA SOBRE JESÚS?


Por: Salvador Sandoval Martinez.
Licenciado en Filología clásica.


      La sombra de El enigma sagrado es alargada. Desde que Baigent, Leigh y Lincoln publicaran esta obra, han sido legión los escritores y articulistas del campo del ocultismo y la parapsicología que han bebido ávidamente – y siguen bebiendo – de la fuente inagotable de sus páginas. Da la impresión de que muchos han encontrado en este libro poco menos que la panacea, la clave para descifrar la madre de todos los misterios: la verdadera historia de Jesús sin las tergiversaciones, adiciones y omisiones con que la Iglesia oficial, auténtica maestra en el arte de conspirar, ha ido arreglando, en ciertos tramos de su historia, los cuatro Evangelios aceptados como canónicos, mientras ha echado tierra sobre otros Evangelios, los apócrifos, que contienen una información mucho más fiable sobre la persona del Nazareno.


 
   Esta Iglesia mentirosa habría engañado al mundo al inventarse a un Jesús divino, cuando, de acuerdo con la tesis ocultista de la conspiración, sus primeros seguidores no lo consideraron más que un hombre de carne y hueso, tan mortal como cualquiera; aunque, eso sí, de una dimensión moral y espiritual extraordinaria. Esta Iglesia manipuladora se habría empeñado obcecadamente en presentar a un Jesús célibe, a pesar de que todos los datos, siempre según los ocultistas, apuntan a que, casi con toda probabilidad, aquel gigante galileo estuvo casado con María Magdalena, con la que tuvo al menos un hijo. 

Jesús: ese "gran desconocido"

     Esta Iglesia inquisitorial habría ocultado documentos, pagado silencios y quemado a quienes sabían demasiado, escribiendo con la sangre de sus víctimas, siglo tras siglo, la historia de una de las instituciones más criminales que hayan existido sobre la faz de la tierra.
 Creo que sólo un ciego se atrevería a negar la evidencia de que, desde hace algunos años y en distintos ámbitos de la cultura, se ha venido creando un estado de opinión que presenta a la Iglesia como una institución siniestra, enemiga del progreso y tremendamente hábil en el arte de fabricar cortinas de humo para ocultar información y manipular datos para la consecución de no sé qué fines inconfesables. ¿Acaso no es ésta la impresión que se obtiene de la lectura de El código Da Vinci, novela de gran éxito editorial y gran deudora de El enigma Sagrado? .

    En 1992, la editorial Martínez Roca publicó El escándalo de los rollos del Mar Muerto, de Baigent y Leigh. En esta obra, defensora de la tesis de la conspiración, se acusaba a la Iglesia de impedir el estudio, traducción y publicación de muchos de los rollos encontrados en las cuevas de Qumrán porque, en opinión de sus autores, contenían una información sobre el cristianismo primitivo tremendamente desestabilizadora para los intereses eclesiásticos. El hecho de que hasta 1991 sólo se hubiesen publicado el 25% de los documentos hallados junto al Mar Muerto era, según Baigent y Leigh, prueba palpable de que la Iglesia católica tenía mucho que ocultar. Pero Antonio Piñero, catedrático de Filología Neotestamentaria de la Universidad Complutense y gran conocedor de todo lo concerniente a las investigaciones sobre los mencionados rollos, en un artículo publicado en el monográfico que la revista Más Allá dedicó a los enigmas del Nuevo Testamento (nº 32/3/2000), afirmaba lo siguiente: «Por otra parte, aunque escritores sensacionalistas como M. Baigent y R. Leigh han afirmado en su obra El escándalo de los rollos del Mar Muerto que hasta 1991 sólo se había presentado al público el 25% del material de Qumrán, lo cierto es que hasta ese momento se había publicado el 80% de los textos, pero en ediciones que esos periodistas parecen desconocer. Es más: de los escritos más amplios e importantes que afectan directamente a la comprensión del Nuevo Testamento y del primitivo cristianismo y ayudan a dilucidar la cuestión de las relaciones entre éste y el esenismo, en 1970 habían visto la luz ya más del 90%.» Y en lugar destacado de dicho artículo, Piñero desmiente de forma harto contundente determinadas informaciones sensacionalistas que cierto tipo de prensa se encargó de airear a propósito de este asunto: «Numerosas publicaciones han sostenido que el retraso en la publicación de los manuscritos del Mar Muerto (del que se ha hecho eco la prensa con tanto escándalo) se debió a maquinaciones del Vaticano, el cual – según este tipo de prensa – no habría mostrado el más mínimo interés en que aparecieran los textos para evitar así que se acabara “el negocio eclesiástico” al descubrirse – supuestamente – que el cristianismo es una mera copia de una secta anterior. La verdad, por el contrario, es muy distinta. La edición de los textos se encargó tanto a investigadores católicos como a protestantes o agnósticos (de los siete miembros del equipo original de la edición sólo tres eran católicos). El Vaticano jamás tuvo el control físico de los manuscritos, de modo que bien poco podía hacer para impedir su publicación.» Antonio Piñero es un estudioso del mundo judeocristiano de reconocido prestigio y probada honestidad intelectual, cualidades que, unidas a su agnosticismo confeso, deberían ser para los escépticos garantía suficiente de la objetividad y fiabilidad de sus palabras.


Jesús: "el pescador de almas", ¿es real esta imagen que nos ha trasmitido la religión?.

    No obstante, algunos siguen repitiendo como papagayos lo que Baigent y Leigh afirmaran tan gratuitamente en la obra mencionada. Y es que el psitacismo, la vocación de papagayo que exhiben ciertos escritores relacionados con el ocultismo, está por desgracia muy extendida. Entre el rigor de una obra bien documentada y el sensacionalismo más comercial, algunos escritores prefieren darse un baño de sensacionalismo, que tanto vende, y hacerse eco, un día sí y otro también, de los disparates que publican chapuceros (¿astutos?, ¿aprovechados?) como los ya aludidos Baigent, Leigh y Lincoln. Pero el escándalo vende y el rigor no. Veamos un ejemplo de gran actualidad.
Dan Brown afirma en El Código Da Vinci (págs. 291-292) por boca del historiador Teabing: «Por suerte para los historiadores – prosiguió Teabing -, algunos de los Evangelios que Constantino pretendió erradicar se salvaron. Los manuscritos del Mar Muerto se encontraron en la década de 1950 en una cueva cercana a Qumrán, en el desierto de Judea. Y también están, claro está, los manuscritos coptos hallados en Nag Hammadi en 1945. Además de contar la verdadera historia del Grial, esos documentos hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos. Evidentemente, el Vaticano, fiel a su tradición oscurantista, intentó por todos los medios evitar la divulgación de esos los textos. Y con razón. Porque con ellos se quedaban al descubierto maquinaciones y contradicciones y se confirmaba que la Biblia moderna había sido compilada y editada por hombres que tenían motivaciones políticas: proclamar la divinidad de un hombre, Jesucristo, y usar la influencia de Jesús para fortalecer su poder.» En la página 305 afirma que los rollos de Nag Hammadi y del Mar Muerto son «los primeros documentos del cristianismo» y que éstos «curiosamente, no coinciden con los evangelios de la Biblia».

    El texto no tiene desperdicio. Veamos algunos puntos:
 

1. El pobre Constantino tiene últimamente la culpa de todo. Los Evangelios que pretendidamente intentó erradicar (supongo que Teabing-Brown se refiere a los apócrifos) fueron rechazados por la Iglesia primitiva por la sencilla razón de que no procedían de la tradición apostólica. Ni más ni menos. Ni conspiraciones ni maquinaciones.

2. El “eminente” historiador de Dan Brown mete en el mismo saco los manuscritos hallados en Qumrán y los de Nag Hammadi, afirmando que contienen datos reveladores sobre Cristo y la verdadera historia del Grial, pues son «los primeros documentos del cristianismo». En primer lugar, en Qumrán no se ha encontrado ninguno, absolutamente ningún manuscrito que mencione siquiera a Cristo. Además, «el 90% de los 800/850 manuscritos descubiertos en Qumrán en 1947 son anteriores cronológicamente al cristianismo» (palabras de Piñero al principio del artículo mencionado anteriormente), luego difícilmente pueden ser sus primeros documentos. Sí es cierto, en cambio, que en Nag Hammadi se encontraron algunos Evangelios apócrifos, pero son posteriores a los canónicos y no cuentan la verdadera historia del Grial ni hablan del ministerio de Cristo en términos más humanos que los Evangelios admitidos por la Iglesia.

3. No hace falta insistir sobre el oscurantismo del Vaticano para evitar la publicación de esos textos, pues creo que ha quedado suficientemente demostrado, por boca de un auténtico experto, que esa afirmación es completamente falsa.

4. Teabing-Brown propone que la Biblia moderna (¿de qué Biblia se tratará?) ha sido producto de una gran manipulación política para establecer la divinidad de Jesús. Suponemos que el “erudito” historiador se refiere, en concreto, al Nuevo Testamento, pues el Antiguo (que es la primera parte de la Biblia) es muy anterior a Cristo. Pero, además, Teabing desconoce que todos los escritos del Nuevo Testamento son cronológicamente muy anteriores a Constantino, el supuesto instigador de la manipulación.


    Según Teabing, el matrimonio de Jesús con María Magdalena «está documentado en la historia». Vamos a analizar las pruebas documentales que aporta Dan Brown y enseguida descubriremos lo que significa para él “estar documentado”.
El primer argumento esgrimido por Teabing en favor de dicho matrimonio es un texto archiconocido del Evangelio de Felipe (sentencia 55). Lo transcribo tal como lo cita Dan Brown en su novela (pág. 306):
 

«Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Cristo la amaba más que a todos sus discípulos y solía besarla en la boca. El resto de discípulos se mostraban ofendidos por ellos y le expresaban su desaprobación. Le decían: “¿Por qué la amas más que a todos nosotros?”»


    Éste es el comentario que hace Teabing, “el eximio”, a la primera frase del texto de Felipe: «Como le diría cualquier estudioso del arameo, la palabra “compañera”, en esa época, significaba literalmente “esposa”.» Por lo visto, Dan Brown, “el documentado”, aún no se ha enterado de que el Evangelio de Felipe se escribió en griego, luego muy poco tendría que comentar un estudioso del arameo sobre el término griego que en este apócrifo ha sido traducido por «compañera» (koinônòs). Compruébelo el lector consultando la edición crítica y bilingüe de los Evangelios Apócrifos hecha por Aurelio de Santos Otero y publicada en la BAC.

    Por otra parte, el griego koinônòs debe traducirse, en efecto, como «compañero/a» o «partícipe». En el Nuevo Testamento se emplea varias veces con esa acepción, pero nunca como «esposa» (véase MCKIBBEN, STOCKWELL, RIVAS, Nuevo léxico Griego-Español del Nuevo Testamento 19909; MANUEL GUERRA, Diccionario morfológico del Nuevo Testamento, Burgos 1988). En los mejores diccionarios de griego clásico y koiné, v. gr., en el Dictionnaire Grec-Français de A. Bailly y en el Liddell-Scott, no se recoge la de «esposa» entre sus acepciones. El Nuevo Testamento utiliza tres términos para «esposa», entre los que no está koinônòs:
 

1. gynè: Mc 12, 19-20; Lc 20, 28-29; 1Cor 7, 29; 1Tim 5, 9; 1Pe 3, 1.
2. nýmphê: Jn 3, 29; Ap 18, 23.
3. skeûòs: 1Tes 4, 4.


    La afirmación de que Jesús «la besó repetidas veces» hay que situarla en su debido contexto: el gnosticismo valentiniano. En el mismo Evangelio de Felipe, en su párrafo 31, leemos: «Los perfectos son fecundados por un beso y engendran. Por eso nos besamos nosotros también unos a otros (y) recibimos la fecundación por la gracia que nos es común» (traducción de Aurelio de Santos). El «beso», entre los gnósticos valentinianos, formaba parte de una ceremonia por medio de la cual los «perfectos» recibían y transmitían, precisamente por medio de un beso, la simiente pneumática (=espiritual). Con respecto  a este beso, Aurelio de Santos comenta en una nota a pie de página (p. 721): «Prototipo de estos ósculos son los que recibía de Jesús María Magdalena según la sent. 55». Es de sentido común pensar que la predilección que Jesús manifiesta hacia María Magdalena en este texto apócrifo es espiritual, no carnal. Si no fuera así, las quejas de los demás discípulos habría que interpretarlas como la expresión de verdaderos celos sentimentales, y no es el caso.

    Pero, además, el verbo griego traducido como «besó» es aspádsein, que carece por completo de cualquier connotación erótica, sino que se refiere más bien a un saludo o abrazo dado entre compañeros: con este significado aparece en Mt 5, 47; Mc 9, 15; Lc 10, 4; Rom 16, 3-23, etc., en total 59 veces, de las cuales 40 son de Pablo (cf. MCKIBBEN, STOCKWELL, RIVAS). Cuando el ángel Gabriel saluda a María con el conocido «alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo», la Virgen, sorprendida, se pregunta qué significaría aquel «saludo», que en el texto griego es aspasmòs, de la misma raíz que aspádsein. ¿Y acaso habría que pensar en un saludo con connotaciones carnales? En fin, no demos ideas…

    Conviene destacar que ningún exegeta serio concede valor histórico a los Evangelios apócrifos. Un destacado especialista en Nuevo Testamento, Josef Blank, profesor de la Universidad del Saar, afirma categóricamente que los Evangelios apócrifos no pueden ser tomados como fuente histórica (cf. Jesús de Nazaret. Historia y mensaje, Madrid 1973, p. 19). Para el propio Aurelio de Santos «el sentido de la verdad histórica está muchas veces ausente de ellos y viene reemplazado por un sentido fantasista que degenera no raramente en episodios extravagantes, triviales e incluso de mal gusto» (cf. op. cit., p. 8).
En la página 307, Sir Leigh Teabing, “el solvente”, (quien curiosamente tiene el mismo nombre que uno de los autores de El enigma sagrado), dice a Sophie: «No quiero aburrirla con las incontables referencias a la unión de Jesús y de María Magdalena. Eso ya lo han explorado ad nauseam los historiadores modernos». Y se queda el tío tan fresco. ¿Dónde están esas incontables referencias a la unión de Jesús y María Magdalena? Yo se lo diré: en ninguna parte. Simplemente se lo ha inventado Dan Brown. O lo ha tomado de algún autor tan “documentado” como él. ¿Qué historiadores son los que han investigado ad nauseam este tema? Depende del concepto que tengamos de «historiador». De los serios, ninguno, eso seguro.
 

Cristo resucitado entre sus discípulos:
la clave de la fé cristiana.
     El ufólogo Josep Guijarro, en el número de la revista Enigmas de mayo de 2004, nos ha regalado con un artículo titulado María Magdalena, la reina olvidada, en el que se hace eco del supuesto matrimonio de Jesús y la Magdalena, así como de la tan cacareada conspiración de la Iglesia desde tiempos de Constantino. Este artículo, frente a otros sobre el mismo tema, tiene la virtud de que al principio reconoce que no hay ninguna prueba de la relación conyugal entre Jesús y María Magdalena. Algo es algo. En cambio, Guijarro dice que sí hay «inquietantes indicios». Bueno, inquietantes lo serían si realmente fueran indicios. Para quien lea el artículo del ufólogo catalán con un poco de sentido común, quedará manifiesto que toda esta historia no es más que un puro cuento del que algunos, como el propio Guijarro, están intentando sacar dividendos con la publicación de libros. 

 Veamos algunos puntos destacables de este artículo:

1. En primer lugar, si el autor del artículo reconoce desde el principio que no hay pruebas acerca de lo que va escribir, ¿cuáles son sus fuentes? Veamos:
· Una inscripción en una cueva/cripta llamada Sainte Baume, situada en la Iglesia de Saint Maximin, a 50 km de Marsella (Francia). En sus paredes hay grabados una serie de signos con forma de “U” invertida que, según Guijarro, aluden al útero femenino y que, en algunos casos, tienen esculpida en su interior un glifo en forma de cruz. Sin comentarios.
· Las Sagradas Escrituras, que, al decir del ufólogo, contienen «citas evangélicas que la (a María Magdalena) califican de favorita y leal compañera de Jesús». ¿En qué parte de la Biblia se encuentran esas citas? No lo dice. Misterio, misterio…Premio para el que las encuentre.
· La leyenda dorada del dominico Jacobo de la Vorágine, de la que dice ser «la fuente principal». La obra, escrita en latín, es del siglo XIII y no recoge más que eso, leyendas sobre santos, algunas de las cuales tan fantásticas que dejarían en pañales al mismísimo «Señor de los anillos». En el capítulo dedicado a Santa María Magdalena (De Sancta Maria Magdalena) no se dice absolutamente nada de su supuesta relación conyugal con Jesús y, en contra de los que sostienen que Éste confió el cuidado de la Iglesia primitiva a la discípula y no a Pedro, en esta leyenda hay unas palabras de la santa en las que reconoce a Pedro como su maestro: magistri mei Petri. Pero, claro, esto no se dice.
· El “famosísimo” Ian Begg, con su obra Las Vírgenes Negras. Una pasada.
· Una teóloga llamada Barbara Thiering. He preguntado a varios teólogos y ninguno la conoce, ni siquiera de oídas.
· Robert Ambelain, gran maestre de diversas órdenes masónicas. Toda una autoridad en la materia.
· Lawrence Gardner, prior de la iglesia celta. ¿?
2.  Según Guijarro, para el especialista catalán Llogari Pujol «prácticamente todos los elementos del ritual católico, como la mitra, el altar, la doxología, y la comunión fueron importados de ritos mistéricos de religiones paganas». Otro tanto ocurre con los discos solares egipcios inspiradores de las coronillas de los santos cristianos, o Isis amamantando a su hijo Horus, que sería modelo de la Virgen dando de mamar al niño Jesús. Lo sentimos por el especialista catalán, pero ninguno de los elementos citados ha sido importado por el cristianismo de religiones mistéricas paganas:
 
· La mitra de los obispos no aparece en Occidente hasta mediados del siglo X y en Oriente no se introduce hasta la caída de Constantinopla en 1453.
· El altar cristiano es de origen judío. Basta echar un vistazo a unas buenas concordancias de la Biblia (Concordancia de las Sagradas Escrituras, compilada por C.P. Denyer, Editorial Caribe, Maiami 198613)para descubrir que en el Antiguo Testamento hay más de 200 referencias a la palabra «altar». El altar de los sacrificios del Templo de Jerusalén es el modelo del altar cristiano.
· La doxología (el «Gloria a Dios en las alturas…») utiliza un lenguaje típicamente cristiano, usando conceptos trinitarios y pasajes del Nuevo Testamento. Ninguna relación con credos mistéricos paganos.
· En cuanto a la comunión, es cierto que en el culto al dios persa Mitra existía una comida sagrada de pan y agua o pan y vino. Pero los mitraístas no pensaban estar comiendo a un dios ni nada semejante. Jesús instituyó la Eucaristía en una comida sagrada judía llamada chabourá.
· Las aureolas de los santos son, de nuevo, de inspiración judía. Su modelo es el halo de luz que envolvía la cabeza de Moisés cuando bajaba del Sinaí con las Tablas de la Ley.
· Una madre amamantando a su hijo no es patrimonio de ninguna cultura. Es una imagen común a todas.
3. Una cuestión también debatida es la razón por la que la Iglesia se ha empeñado en presentar a la Magdalena como prostituta, cuando en el Evangelio sólo se dice de ella que Jesús le había sacado siete demonios y que era una «pecadora». Y Guijarro comenta que «los obispos embaucadores decidieron, entonces, que si era pecadora forzosamente tenía que ser prostituta». Bueno, es cierto que no necesariamente ha de sacarse tal conclusión del hecho de ser «pecadora», pero en el contexto del judaísmo del siglo I d.C., cuando a una mujer se le llamaba así… ¿Cómo entenderíamos actualmente este calificativo dirigido a una mujer en un país árabe? Guijarro, no obstante, después de criticar a «los obispos embaucadores» que se inventaron la condición de prostituta de María Magdalena, expone unos párrafos más abajo una peregrina hipótesis según la cual ésta se lanzó a una vida de promiscuidad sexual por despecho hacia Juan, el discípulo de Jesús, con quien estaría prometida, cuando aquél la abandonó para seguir al Maestro. ¿En qué quedamos? ¿Era o no prostituta?

4. «Tres siglos después de su crucifixión, Jesús se convirtió en el “Hijo de Dios”, pero claro, ya existían numerosas crónicas sobre su vida en las que era considerado un ser mortal. Fue entonces cuando Constantino encargó y financió la redacción de una nueva Biblia que omitiera aquellos fragmentos de los evangelios en los que se hablara de los rasgos humanos de Cristo, y en los que se exageraran los relativos a su divinidad». Es difícil mentir tanto en tan poco espacio. Pero la tesis no se de Guijarro: está en El código Da Vinci y en otros libros anteriores. La táctica sí es la misma: afirmar sin aportar prueba alguna. Pues, ¿dónde están esas crónicas que hablaban de Cristo como un simple mortal? Si se refiere a los Evangelios apócrifos, la palabra crónica es incorrecta. Además, hay apócrifos que hablan de Jesús como Dios. Por citar un ejemplo: «Entonces Bartolomé, juntamente con los demás apóstoles, empezó a glorificar al Señor Jesús, diciendo: “Gloria a ti, padre de los cielos, rey de la vida eterna, foco de luz inextinguible […] A ti sea dada la magnificencia, la gloria, el imperio, el reino, el honor y la potestad juntamente con le Padre y el Espíritu Santo”.» (Evangelio de Bartolomé, citado de la edición de Aurelio de Santos, BAC, Madrid 199910). Pero es que Constantino no encargó ni financió Biblia alguna, pues hacía ya unos 200 años que el Canon del Nuevo Testamento estaba fijado, aunque no de forma oficial. Y lo sabemos porque los Padres de la Iglesia de los primeros siglos sólo citan en sus obras versículos de los Evangelios canónicos, que eran los que la Iglesia había recibido por tradición apostólica. Cuando surgen Evangelios que no derivan de tal tradición, lógicamente la Iglesia tuvo que definirse oficialmente sobre qué libros eran canónicos y cuáles no, para que los fieles supieran a qué atenerse. Una medida de lo más normal para evitar intrusismos sectarios.

5. Siguiendo con las tesis de El enigma sagrado, nuestro ufólogo (que en el monográfico nº 7 de la revista Más Allá presentaba a Jesús como «Comandante intergaláctico» [sic]) recoge en su artículo la de que las famosas bodas de Caná (Jn 2, 1-10) son realmente las de Jesús. No voy a hacer ningún comentario al respecto; pero invito al lector a que lea ese texto de Juan y compruebe por sí mismo si es posible sacar esa conclusión. A un servidor no le importaría en absoluto que Jesús hubiese estado casado. Pero de la lectura imparcial de los textos se deduce que llevó tal actividad que le hubiera resultado poco menos que imposible atender un hogar. Por eso exhorta a sus discípulos a hacerse eunucos por el Reino de los Cielos (cf. Mt 19, 10-12).

    Al final, uno no sabe si merece la pena gastar tiempo en rebatir tales disparates. Animo, sin embargo, al lector a que se preocupe por comprobar toda la información que le llega sobre este tema. Cuando un escritor afirma algo sin dar pruebas de ello, malo. Hay que sospechar. Por que incluso para especular se necesitan ciertas bases.

    Para terminar, se me ocurre esta breve reflexión: la siniestra y criminal Iglesia católica, ¿ha puesto precio a la cabeza de Dan Brown, o el autor de El código Da Vinci sigue haciendo su vida normal sin que nadie lo amenace de muerte? ¿Se habría atrevido Dan Brown a escribir una novela semejante con Mahoma como protagonista? A ver si resulta que la Iglesia no es tan mala como la pintan los ocultistas.
 
 


NOTAS SOBRE EL AUTOR:

SALVADOR SANDOVAL  MARTINEZ , es Licenciado en Filología Clásica y ejerce como Profesor de Enseñanza Secundaria.
Es miembro del Comite de Redacción de Estigia, responsable del área de Religiones y Mística.
Es un gran conocedor de temas relacionados con la mística, las religiones y la mitología.
Es colaborador habitual y asesor técnico del programa radiofónico "El Ultimo Peldaño", de
Onda Regional de Murcia.
Para dirigirse a él, en relación con el presente artículo o cualquier otro tema: e-mail: 


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