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P a r a p s i c o l o g í a

¿EXPLICA LA CIENCIA LAS EXPERIENCIAS EXTRACORPOREAS?.


Por: Moisés Garrido Vázquez
Investigador y divulgador. 


      "La polémica está servida. El artículo publicado por la prestigiosa revista ‘Nature’ en septiembre de 2002 bajo el título ‘Neuropsychology: Stimulating illusory own-body perceptions’ plantea que las conocidas ‘experiencias extracorpóreas’ (EEC) -denominadas también ‘proyecciones astrales’- son alucinaciones producidas por cierta anomalía registrada en una zona del cerebro llamada gyrus angular, un área localizada entre los lóbulos temporal, parietal y occipital. ". 

    Dicho trabajo, firmado por los neurólogos Olaf Blanke, Stephanie Ortigue, Theodor Landis y Margitta Seeck, viene a echar por tierra la creencia de que el ‘alma’, o tal vez la consciencia, puede salir del cuerpo para viajar a regiones ignotas del tiempo y del espacio. El mundillo de la Parapsicología ya ha reaccionado para aclarar que tal conclusión está exenta de pruebas científicas suficientemente avaladas. Y la verdad es que la única evidencia en la que se apoya el equipo de neurólogos suizos son las extrañas sensaciones experimentadas por una paciente epiléptica de 43 años tras ser sometida por el Dr. Blanke a una estimulación eléctrica en una región concreta de la corteza cerebral relacionada con la información visual y la cognición espacial. Esta persona manifestó que se sintió flotar por encima de su cuerpo. “Me vi en la cama, desde arriba”, manifestó la paciente al Dr. Blanke. En tres ocasiones, el médico provocó artificialmente esa extraña sensación extracorporal en la mujer, que afirmó haberse sentido flotar a unos dos metros por encima de la cama, cerca del techo. Aún con todo, el propio Dr. Blanke reconoció que “no entendemos completamente el mecanismo neurológico que causa las EECs”, si bien descarta a priori cualquier naturaleza paranormal. La paciente, que venía sufriendo ataques epilépticos desde hacía 11 años, tuvo otras extrañas sensaciones somáticas cuando fue sometida a varios estímulos eléctricos focales, y siempre dependiendo de la intensidad del estímulo y de su posición corporal. Informó que sentía “hundirse en la cama” o “caer desde lo alto”. A su vez, las sensaciones venían acompañadas de un sentimiento instantáneo de “luminosidad”. Cuando se le dijo que observara sus piernas, asustada manifestó que menguaban de tamaño y que se desplazaban hacia su rostro. El mismo acortamiento percibió en sus brazos. “Estas observaciones indican que las EECs y las ilusiones sensoriales somáticas pueden ser inducidas artificialmente mediante el estímulo eléctrico de la corteza. La asociación de estos fenómenos y su selectividad anatómica sugiere que ambos tengan un origen común”, señalaba el Dr. Blanke en la revista ‘Nature’, además de alentar a otros colegas científicos y neurólogos a proseguir con la investigación de su casual hallazgo.
 


Los escritores T. Dreiser y J. C. Powys realizaron experiencias de visitas extracorporeas
(en esta imagen se observa a Dreiser mirando un busto de Powys)


   ¿Queda, pues, aclarado el misterio de las EEC con este caso aislado y más tratándose de un paciente epiléptico? ¿Explica los miles de relatos de ‘desdoblamiento astral’ recogidos a lo largo de la historia y protagonizados por individuos sin antecedentes psiquiátricos? ¿Y dónde dejaríamos los datos que suministran muchas de esas personas sobre hechos y lugares localizados a kilómetros de distancia de donde se hallan físicamente?...

CARACTERISTICAS DE LA EEC

Las ‘experiencias extracorpóreas’ o ‘ecsomáticas’ -denominadas en el mundo anglosajón ‘Out-of-the-Body Experiences’ (OOBE)- podrían definirse como una clase de “experiencias en las que los afectados tienen la sensación de encontrarse fuera de su cuerpo físico, observándose, por decirlo así, desde el exterior; se trata de una experiencia que se da en situaciones excepcionales (accidente, operación), en sueños, pero también en situaciones aparentemente normales, sin una evidente causa de tipo excepcional” (Diccionario de Parapsicología, Werner F. Bonin).
En antiguas culturas, como la egipcia, la griega y la india, ya se hablaba de los viajes del alma al mundo astral o ultraterrenal. No obstante, la moderna Parapsicología se muestra reticente a la hora de emplear el término ‘viaje astral’, concepto esotérico que se sustenta más bien en la creencia de la transmigración de las almas. Pero sí tiene claro que algo, una parte inmaterial del individuo -alguna forma del yo-, se desdobla del cuerpo físico durante estas experiencias y adquiere individualidad propia. Vivencias protagonizadas por médiums, paragnostas, chamanes, místicos, etc. Pero también por gente común como Vd. o como yo. Y es que, según las encuestas, quince de cada cien personas han protagonizado una EEC. Aunque el sondeo que llevó a cabo el sociólogo Hornell Hart en 1952 alcanzó un porcentaje mucho mayor. Encuestó a 155 alumnos de la Universidad de Duke, y un 30 por ciento contestó afirmativamente a la pregunta ‘¿Ha visto alguna vez su cuerpo físico desde una perspectiva totalmente exterior a él, como estando junto a la cama y viéndose acostado en ella, o flotando en el aire cerca de su cuerpo?’.
Elías A.F. tiene 36 años y trabaja de administrativo en una empresa privada de Huelva. Hace veinte años tuvo una curiosa experiencia extracorporal. Así me la narra durante la entrevista que mantuvimos recientemente: “Yo tendría unos 16 ó 17 años cuando cayó en mis manos una revista sobre temas parapsicológicos donde hablaban de los viajes astrales. Se describía paso a paso una técnica para conseguir el desdoblamiento astral estando tendido en la cama. Durante varias noches intenté hacerlo, pero no tuve suerte, ya que me quedaba dormido. Una de esas noches regresé tarde a casa, agotado de andar pues estuve de excursión todo el día, y me dije que sería el último intento. Fui siguiendo los pasos, totalmente concentrado, aunque con los ojos abiertos. De pronto, sentí una especie de chasquido en mi cabeza y un fuerte hormigueo en los pies. Me puse nervioso. De inmediato, noté como si me hundiera en la cama, pero al instante sentí elevarme hacia arriba. Me di cuenta de que lentamente me iba acercando al techo. Más bien, no sentí que subía, sino que mi habitación descendía. Pude apreciarlo con claridad, fijándome en lo que me rodeaba, ya que la luz de la calle entraba por la ventana. Cuando estaba a una altura de unos dos metros, me asusté muchísimo y sentí como caía rápidamente hacia la cama. Mi corazón latió a mil por hora. Jamás volví a intentarlo. Aquello me demostró que estas experiencias son ciertas. No sé qué habría conseguido ver o experimentar si hubiera controlado la situación”.

Lo protagonizado por este hombre durante su juventud es la etapa inicial de las ‘experiencias extracorpóreas’. Algo que han vivenciado, voluntaria o involuntariamente, miles de personas. Muchas de ellas, aquellas que sí han conseguido controlar la situación, han logrado alejarse de sus cuerpos yacentes y peregrinar a lugares insospechados, presenciando escenas y escenarios que luego han podido confirmarse. Aquí la Parapsicología hablaría de fenomenología ESP. Y es que, en tales circunstancias, amén de agudizarse las percepciones ordinarias, suelen activarse ciertas facultades parapsicológicas. Mario Capel Domenech, psicólogo que en su día presidió la Comisión Experimental de ‘Experiencias Extracorporales y Exteriorización de la Consciencia’, dentro de la Sociedad Española de Parapsicología (SEDP), señala que “también esta casuística preocupa al parapsicólogo, pues en su contexto se suelen dar algunos fenómenos paranormales -psicocinesis y, sobre todo, clarividencia o ESP- que ulteriormente pudieron ser verificados. A veces, el manifestante que declara haber experimentado una exteriorización, inserta también una evidencia de la misma, declarando haber observado alguna circunstancia o acontecimiento que posteriormente es objeto de comprobación y ratificación”.

Estas personas hablan de una especie de ‘cordón’ que úne el ‘cuerpo etérico’ con el cuerpo físico. Sylvan J. Muldoon, que llegó a dominar a voluntad sus salidas extracorpóreas convirtiéndose con el tiempo en uno de los máximos especialistas del tema -siendo coautor junto con el investigador Hereward Carrington de la obra ‘The Projection of the Astral Body’, publicada en 1929-, contaba así una de sus experiencias astrales:

   “...Me quedé atónito al sentir que estaba flotando en el aire, rígido y horizontal, distante unos pocos pies de mi cama... Al darme la vuelta, cosa que hice por un impulso inconsciente, me vi tumbado en el lecho, estático y sin movimiento. Me sentí unido al cuerpo físico que yacía en la cama, a algo más de un metro de distancia de donde yo me hallaba, por una especie de cordón elástico... Entonces advertí que el cable que me unía a mi cuerpo yerto comenzaba a ejercer una fuerte e irresistible presión sobre mí, obligándome a retroceder. Ocurrió el proceso inverso al de la salida, hasta que me sentí de nuevo en mi cuerpo...”

    Entre las personas que han tenido ‘proyecciones astrales’, nos encontramos testimonios sorprendentes. No solo hay individuos que han ‘viajado’ a kilómetros de distancia, sino incluso fuera de la Tierra. El propio psicólogo suizo Carl G. Jung, describe en su interesante obra autobiográfica ‘Recuerdos, Sueños, Pensamientos’ una increible experiencia extracorpórea que protagonizó en 1944 tras una grave enfermedad: “Me pareció como si me encontrase allá arriba en el espacio. Lejos de mí veía la esfera de la Tierra sumergida en una luz azul intensa. Veía el mar azul profundo y los continentes. Bajo mis pies, a lo lejos, estaba Ceilán y ante mí estaba el subcontinente de la India. Mi campo de visión no abarcaba toda la Tierra, sin embargo, su forma esférica era claramente visible, y sus contornos brillaban plateados a través de la maravillosa luz azul (...) Posteriormente me informé a qué altura debía encontrarme para poder alcanzar una visión de tal extensión. ¡Aproximadamente a unos 1.500 kilómetros! La contemplación de la Tierra desde tal altura es lo más grandioso y lo más fascinante que he experimentado”.
Entre los ‘excursionistas astrales’, abundan los casos de gente que visitan otros planetas, dimensiones paralelas o niveles de existencia. Las barreras espacio-temporales parecen resquebrajarse estando en ese estado de consciencia tan especial. En ocasiones, el protagonista establece contacto con presuntas ‘inteligencias extrahumanas’. De hecho, dentro de la actual casuística OVNI, tan impregnada de elementos paranormales, las ‘experiencias extracorpóreas’ son muy frecuentes. Incluso ciertos ‘encuentros cercanos’ y ‘abducciones’ guardan un estrecho paralelismo con lo que sería una ‘proyección astral’. Sin duda, lo objetivo se entremezcla con lo subjetivo, y lo real con lo imaginario, en experiencias de esta naturaleza, que parecen desarrollarse en una zona crepuscular... Es el caso de lo vivido por Soledad Vélez, una ama de casa onubense de 49 años. Mediante una de las muchas técnicas de meditación, y teniendo de fondo una relajante música, consiguió en una ocasión desdoblarse astralmente. De pronto, ante su ‘doble etérico’ apareció un escenario que parecía extraido de una película de ciencia-ficción. “Sentí salirme de mi cuerpo muy suavemente, pero de pronto parecia que penetré en un torbellino a enorme velocidad. Estaba rodeada de niebla. Poco a poco, la niebla se fue disipando y ante mi sorpresa ví una especie de ciudad, muy transitada, cuyas viviendas eran todas de cristal en forma de semiesfera. Ví a seres muy altos, ataviados con largas y brillantes túnicas. Apenas podía percibir sus rasgos faciales. Solo ví que no tenían cabellos. Pero no eran humanos. La mayoría de ellos entraban en una especie de templo, también semicircular, de un gran tamaño y con enormes columnas. Nadie se percataba de mi presencia. Después de varios minutos, la niebla volvió a cubrir todo y me sentí arrastrada hacia atrás. Nuevamente me encontré en mi habitación, tendida sobre la cama. Fue una experiencia inolvidable...”

INVESTIGACIONES EN LABORATORIO

    El Dr. Charles T. Tart, profesor de Psicología en la Universidad de California, emprendió a mediados de los sesenta diversas pruebas con el ingeniero electrónico Robert Monroe, un individuo capaz de proyectarse fuera de su cuerpo a voluntad. Tras algunos intentos fallidos -debido a que no conseguía relajarse suficientemente al principio-, Monroe consiguió a partir del octavo ensayo salirse de su cuerpo bajo estrictas condiciones de control y observar lo que ocurría en otras habitaciones contiguas a la que él se encontraba. Si bien no hubo resultados concluyentes (no fue posible probar si realmente se trataba de viajes extracorpóreos o fenómenos de clarividencia), los experimentos permitieron atraer la atención de otros científicos. Monroe fundaría años después el conocido ‘Instituto Monroe de Ciencias Aplicadas’, que sigue plenamente activo en nuestros días.

    La ‘American Society for Psychical Research’ (ASPR) tomó el relevo de tal exploración a principios de los setenta. El Dr. Karlis Osis, director de investigaciones de esta prestigiosa sociedad parapsicológica, se encargaría de examinar las capacidades extracorpóreas del pintor neoyorquino Ingo Swann, que venía manifestándolas desde muy pequeño. En las pruebas, el dotado era conectado a un polígrafo mediante numerosos electrodos, para dejar constancia de las posibles alteraciones en sus ritmos cerebrales, cardíacos y respiratorios. Sobre una plataforma suspendida del techo, a tres metros del suelo, se colocaban diversos objetos y dibujos. Swann, sentado justo debajo, intentaba visualizar las imágenes de esos elementos. Y los experimentos arrojaron resultados más que satisfactorios, ante el asombro de los parapsicólogos, que pudieron diferenciar las visiones obtenidas mediante EEC de las que pudieran deberse a la simple ESP. De hecho, según Swann, su consciencia era capaz de proyectarse fuera de su cuerpo físico y ascender hasta lograr identificar lo que había en la plataforma. Los aparatos evidenciaron que sus funciones fisiológicas se mantuvieron en un nivel normal, pero sí se registró una mayor actividad en las ondas cerebrales de la región occipital del cerebro, donde se localiza la función visual.

    Similares experimentos fueron realizados también durante esa época en la ‘Psychical Research Foundation’ con un tal Stuart Blue Harary. Aunque en este caso, el sujeto tenía que percibir cosas e incluso personas situadas en otro edificio colindante. En determinadas pruebas -la mayoría con excelentes resultados- algunos detectores humanos afirmaron haber sentido una presencia cercana, coincidiendo con los momentos en que Harary se encontraba proyectado fuera de su cuerpo. También reaccionaron de forma anómala algunos animales, como gatos y serpientes, ante la supuesta presencia extracorpórea de Harary. En opinión del desaparecido parapsicólogo Scott Rogo, “la investigación realizada con Harary es probablemente la más precisa con que contamos hasta el momento en apoyo a la teoría de que durante las EEC algo abandona efectivamente el cuerpo”. Aunque pruebas igual de complejas se llevaron a cabo con el psíquico Alex Tanous, que tenía que percibir imágenes proyectadas aleatoriamente por una cámara en una habitación situada en el extremo opuesto del edificio. Además, el lugar se había equipado con sensores para captar la más mínima vibración. Las pruebas arrojaron resultado positivo en un 60%. Y en esos casos, curiosamente, los sensores registraron cierta actividad...

    Todas estas investigaciones atrajeron el interés de los físicos Harold Puthoff y Russell Targ, del Stanford Research Institute (SRI) de California. A partir de 1974, llevaron a cabo en sus laboratorios estudios experimentales con los psíquicos Ingo Swann y Patrick H. Price. Los investigadores se centraron en determinar si realmente ambos ‘psiconautas’ podían obtener información procedente de lugares remotos. Así comenzó a investigarse la llamada ‘visión remota’ -conocida también como ‘clarividencia viajera’-, una facultad perceptiva a caballo entre las EEC y la ESP. Lo realmente significativo fue que parte de esas investigaciones estuvieron financiadas por la CIA, interesada desde muchos años atrás por la utilización de las facultades PSI en programas de espionaje psíquico y de control mental. En las pruebas del SRI, se seleccionaron diversas coordenadas geográficas, algunas situadas a cuatro mil kilómetros de distancia. Y los sujetos, ‘viajaban’ mentalmente hasta el lugar elegido informando de todo lo que percibían a su alrededor. Las descripciones eran en muchas ocasiones asombrosas. Los elevados aciertos, muy por encima de lo que habría que atribuir al azar, dieron un gran respaldo a la existencia de la ‘proyección extracorpórea’. En sus conclusiones, ambos físicos declararon que: “Hemos presentado pruebas de que existe un canal de información biológica, cuyas características parecen no coincidir con las de ninguna modalidad conocida de comunicación. La naturaleza de este canal o canales no ha sido aún definida (...) Cabe en lo posible que esta facultad de percepción se halle ampliamente difundida entre la población. Sin embargo, dado que la percepción tiene lugar por debajo del nivel de conciencia, queda reprimida o pasa inadvertida...”

¿ES LA CONSCIENCIA LA QUE SE EXTERIORIZA?

Los estudios realizados en las últimas tres décadas por la Psicología Transpersonal (disciplina centrada en aquellas experiencias que sobrepasan el nivel personal y alcanzan el nivel de lo trascendente), parecen demostrar que la consciencia es capaz de disociarse y funcionar independientemente del cerebro. Las investigaciones realizadas en torno a los estados modificados de conciencia, los éxtasis místicos, los trances chamánicos, los efectos psicodélicos del LSD, la hipnosis profunda, etc. indican claramente que la consciencia puede expandirse de su envoltorio material y mantener su propia autonomía. Incluso trascender nuestra concepción habitual de la realidad y ‘viajar’ a otros niveles dimensionales -a los llamados dominios transpersonales-. Uno de los pioneros de la Psicología Transpersonal, el Dr. Stanislav Grof, en su obra ‘La Mente Holotrópica’, concluye que: “Estoy plenamente convencido de que la consciencia es algo más que un mero subproducto accidental de los procesos neurofisiológicos y bioquímicos que tienen lugar en el cerebro humano. En mi opinión, la consciencia y el psiquismo humano son expresiones y reflejos de una inteligencia cósmica que impregna la totalidad del universo y la existencia entera. No sólo somos animales altamente evolucionados que disponemos de computadores biológicos alojados en el interior del cráneo sino que también somos campos de conciencia ilimitados que trascendemos el tiempo, el espacio, la materia y la causalidad lineal”.

    Las personas que, por alguna circunstancia, han vivido una experiencia cumbre o transpersonal, sienten que su consciencia abandona su habitáculo cerebral, sumergiéndose en otras regiones suprafísicas. Durante esas experiencias transpersonales, la consciencia sintoniza con otras mentes, tiene visiones arquetípicas, y a veces -siempre según esos testimonios- parece fundirse con la Totalidad o con la Mente Universal, incluso con el Vacio Supracósmico. Son sucesos inefables, más allá de lo comprensible. Pero para quienes los viven, son absolutamente reales e intensísimos.
De esta forma tan gráfica, describe sus experiencias místicas el dominico alemán del siglo XIV Johann Tauler:

“...El espíritu es transportado por encima de todas las potencias, en una especie de soledad inmensa de la que nadie puede hablar como es debido. Son las tinieblas luminosas donde se esconde el Bien sin límites. Te sientes prendido y absorbido por algo simple, divino, ilimitado, de tal modo que parece que no puedes diferenciarte de ello. En esta unidad se borra la sensación de lo múltiple. Después, al volver en ti, hallas un conocimiento distinto de las cosas, más luminoso y más perfecto (...) Llamo a este estado de oscuridad indecible y, sin embargo, es la verdadera luz de la esencia divina. Puede llamársele también soledad inmensa e incomprensible porque en ella no encuentras senda, ni puente, ni modo de ser particular: está por encima de todo esto (...) Esta oscuridad es una luz a la cual ninguna inteligencia creada puede llegar por su naturaleza (...) Es también una soledad porque nadie puede abordarla (...) Te hundes por momentos y desapareces en las grandes profundidades de Dios”.

    En síntesis, y como señala el psicólogo e hipnólogo Joaquín Grau, “para la Psicología Transpersonal la conciencia no es -como nos siguen explicando- un producto del cerebro humano, algo, por tanto, que se encuentra dentro de nuestro cráneo y que es fruto de nuestra vida individual. Para la Psicología Transpersonal la conciencia es algo que existe fuera de nosotros, algo independiente de nuestras vidas personales y que no se encuentra ligado a la materia; algo, en definitiva, ajeno a nuestros sentidos físicos, aunque se halle, no obstante, mediatizada por ellos en nuestra percepción cotidiana de la vida”.
Otros postulados vanguardistas, como la ‘Teoría del Cerebro Holográfico’, enunciada por el físico teórico David Bohm, también viene en apoyo de la idea de que la consciencia puede traspasar los límites del cerebro -yendo más allá de la percepción sensorial normal-, y expandirse a otros ‘planos dimensionales’, donde quedan suspendidas nuestras coordenadas espacio-temporales. Las propiedades holográficas de la consciencia permitirían que ésta no estuviese sujeta a las leyes de la física newtoniana. Según este nuevo paradigma, el cerebro es un holograma que percibe y participa en un universo holográfico. “Si el cerebro funcionase como un holograma, tendría acceso a un todo mayor, a un campo o ‘esfera de frecuencia holística’ que trascendería los límites espaciales y temporales”, aventura el bioquímico Ken Wilber.

¿PRUEBAS DE LA SUPERVIVENCIA POST-MORTEM?

    En la documentada obra ‘Explaining the Unexplained’, sus autores, los psicólogos Hans J. Eysenck y Carl Sargent, se preguntan: “Si la mente puede abandonar el cuerpo de esta forma, ¿sería posible entonces que lo abandonara permanentemente y mantuviera su integridad y coherencia después de la muerte del cuerpo? Esta posibilidad se agudiza de forma muy especial con cierta variante de EEC, la experiencia cercana a la muerte o ECM”. La verdad es que los datos que proporcionan aquellas personas que, tras estar en el umbral de la muerte, aseguran haber protagonizado una ‘Experiencia Cercana a la Muerte’ (ECM), son en su mayoría coincidentes. Se tratan de experiencias muy vívidas, para nada aterradoras, en las que el sujeto observa todo lo que ocurre alrededor de su cuerpo moribundo, desde fuera de él, como si fuese un espectador ajeno. Hasta ese momento, estamos ante una experiencia extracorpórea común. Pero a partir de ahí, se desarrollan una serie de visiones ante el sujeto, acompañadas siempre de sensaciones placenteras y hasta beatíficas. Percibe lo que podíamos entender como una especie de túnel oscuro, que lo atraviesa flotando lentamente, para toparse casi al final del mismo con una brillante y envolvente luz que irradia una paz incomparable con nada. En un momento dado, los acontecimientos de su vida pasan ante él a modo de una película. Cae entonces en la cuenta de los errores cometidos y se replantea muchas cosas sobre su papel en este mundo. Ante él, aparecen familiares o amigos difuntos, además de una figura luminosa -que a veces es identificada con Jesucristo- que le comunica que aún no ha llegado su hora y debe, por tanto, regresar al mundo de los vivos. Aunque se resiste a volver,  de nuevo se reincorpora a su propio cuerpo, muy a su pesar...

    Desde que en los años setenta los psiquiatras Raymond A. Moody y Elizabeth Kübler-Ross popularizaran con sus respectivas obras este tipo de historias -aunque ya habían sido investigadas científicamente mucho antes por el Dr. Karlis Osis-, comenzaron a salir a la luz miles de relatos semejantes procedentes de todo el mundo, protagonizados por personas de distinta condición social, cultural y religiosa. Sólo en EEUU, y de acuerdo a una encuesta realizada en 1982 por el Instituto Gallup, ocho millones de personas han tenido una ECM.

    Según el parapsicólogo Carlos S. Alvarado, “tradicionalmente, la EEC se ha considerado de importancia teórica debido a sus implicaciones acerca de la cuestión de la supervivencia después de la muerte. La aparente separación de mente y cuerpo durante la EEC se ha interpretado como una evidencia acerca de la cual ambos aspectos del ser humano son entidades independientes una de la otra, y que la mente (o la conciencia humana) puede existir sin el cuerpo. De hecho, la muerte ha sido considerada por algunos como una EEC permanente”. Pero ¿prueban las ECMs la existencia de un ‘más allá’ al que irían las almas desencarnadas?... Hemos de reconocer que estas experiencias extraordinarias no lo pueden demostrar científicamente, a pesar de las evidencias circunstanciales acumuladas. Sus protagonistas han estado en la frontera de la muerte, pero no han llegado a traspasarla. “Si lo que se pretende es establecer una prueba de una posible existencia después de la muerte, parece que este tipo de experiencias no aporta base suficiente para cimentar una convicción tan crucial”, puntualiza el psicólogo Mario Capel. En principio, son testimonios muy fiables y reveladores, que nos indican que al borde de la muerte pueden suceder ciertos fenómenos extraordinarios, como son las EEC. Sí que pueden también hacernos considerar la existencia de otras ‘realidades transpersonales’, accesibles a través de un ‘estado modificado de conciencia’, como el que se puede tener durante la agonía de la muerte. Aunque todos estos indicios suponen para muchos estudiosos la posibilidad de la supervivencia post-mortem. “El progreso de la parapsicología, las investigaciones sobre la conciencia y las experiencias cercanas a la muerte y la aparición de ‘nuevos paradigmas’ en los dominios de la física y de la biología han evidenciado los errores de la visión materialista y han insuflado un nuevo vigor a la hipótesis de que la conciencia humana no termina con la muerte”, sugiere Gary Doore, especialista en filosofía y religiones comparadas.
Aún así, para quienes hemos tenido la oportunidad de entrevistar a personas que han vivido una ECM, lo verdaderamente interesante de estas experiencias límites -y que invalidaría su posible origen alucinatorio-, es su gran efecto transformador. Son experiencias que tienen un tremendo impacto en la vida de sus protagonistas. El Dr. Moody, en su libro ‘Más allá la luz’, expone una serie de cambios personales que experimentan quienes pasan por una ECM: pierden el miedo a la muerte; sienten la importancia del amor; perciben que están conectados con todas las cosas; valoran el aprendizaje y el conocimiento; sienten una nueva responsabilidad; potencian más su espiritualidad, etc. Además, en muchos casos, suelen desarrollar determinadas facultades parapsicológicas o vivir nuevas experiencias anómalas. Una joven que sufrió un terrible accidente automovilístico, y que protagonizó una ECM, contaría más tarde que: “Ahora concibo el mundo y mi lugar en él de un modo muy distinto. Creo que la definición de mi ser va más allá de los límites de un cuerpo físico situado en un espacio de tiempo limitado. Sé que formo parte de una red mayor, sin barreras y creativa, que podría calificarse de divina”.

    De todas formas, si hay algo que aporta veracidad a los testimonios sobre ECMs es el hecho de que el sujeto describe con precisión todo lo que ha visto no solo alrededor de su cuerpo, sino a metros de distancia de él. Incluso oye conversaciones que luego son verificadas. Si el individuo se encuentra clínicamente muerto o en coma, ajeno completamente al mundo exterior, no se explica que a través de ciertas alucinaciones provocadas por la falta de oxígeno en el cerebro (anoxia) o de un estado disociativo producido por el estrés -como sugieren los que niegan el carácter paranormal de tales experiencias- pueda aportar detalles precisos sobre cosas, personas y conversaciones (es curioso como describen detalladamente todo el proceso de reanimación al que les sometieron los médicos para devolverles a la vida).Y aún mucho menos, que pueda experimentar ese efecto transformador que hacen cambiar positivamente a la persona. Únicamente podemos explicar ambas cosas admitiendo que la consciencia logra en realidad exteriorizarse del cuerpo. El psicólogo Kenneth Ring, presidente de la ‘Asociación Internacional de Estudios sobre la Proximidad a la Muerte’ (IANDS), en su obra ‘El Proyecto Omega’ , nos dice que: “En la literatura de las ECMs se menciona frecuentemente el hecho de que, en lo que concierne al testigo, la realidad de los acontecimientos experimentados está más allá de toda duda (...) En ninguna parte es más evidente este sentido de hiperrealidad de las ECMs como en la fase en la que el testigo se encuentra a sí mismo fuera de su cuerpo y de cierta manera es capaz de mirarlo desde una perspectiva externa. Aquí la agudeza subjetiva de la percepción visual no sólo es tan asombrosa como inexplicable, sino que en una serie de casos ha resultado ser verídica (es decir, exacta), demostrando con ello que ciertamente no se trata de una mera alucinación”.

SIN EXPLICACION RACIONAL

    Las conclusiones precipitadas y sin contrastar presentadas por el neurólogo Olaf Blanke y sus colaboradores respecto a las EEC, demuestran por enésima vez los errores desmedidos en los que suele caer la ortodoxia científica y médica a la hora de tratar los fenómenos parapsicológicos. Sobre todo, cuando sus representantes jamás se molestan en investigar a fondo el origen y la naturaleza de tales hechos, aunque sí se atreven a pontificar despectivamente sobre algo que desconocen. Muchos de ellos parten de la base de que todas estas experiencias anómalas son fraudulentas o productos de alucinaciones psíquicas. Refiriéndose precisamente a este tipo de casos, el parapsicólogo Leo Talamonti denuncia que “si la credulidad puede causar muchos daños, la descalificación fácil y preconcebida de los testimonios, como es practicada habitualmente por los escépticos que sostienen prejuicios, produce otros daños mayores por cuanto tiende a destruir en embrión toda posibilidad de reconstruir la verdad”.

    En el caso de las EEC, no es la primera vez que se intenta reducir a meras alucinaciones. A principios del siglo XX, el psiquiatra Paul Sollier ya consideró que tales fenómenos se deben a ‘alucinaciones autoscópicas’, que producen la sensación en el sujeto de encontrarse fuera de su cuerpo y poder contemplarlo como si fuese otra persona. Sin embargo, hay investigadores que, dejando a un lado los prejuicios, se adentran con seriedad en el campo de las EEC, tratando de recabar toda la información posible. Es lo que hizo el psiquiatra Fowler Jones hace veinte años. Tras estudiar muchísimos relatos referentes a este singular fenómeno, llegó a considerar que no se trata de sueños ni de alucinaciones: “Todo cuanto podemos decir en este momento es que las personas que tienen esas experiencias las sienten como algo muy real. Las describen en diversas formas, pero el común denominador es que la mente, la parte de la personalidad que corresponde al ‘Yo’, la parte que piensa y siente, ya no se encuentra situada dentro del cuerpo físico sino depositada en algún otro lugar del ambiente. Es como si tuvieran un centro de conciencia móvil, situado a unos pocos metros, o a varios kilómetros, del cuerpo físico”.

    Por su parte, el doctor Michael B. Sabom, cardiólogo y profesor de medicina, escéptico en un principio frente a estos casos, decidió estudiar los testimonios de algunos de sus pacientes que habían protagonizado ECMs. Después de varios años examinando casos, terminó convencido de la realidad de la proyección extracorpórea. En su obra ‘Recollections of Death’, escrita hace veinte años, afirma: “Si el cerebro humano está realmente compuesto por dos elementos fundamentales -la ‘mente’ y el ‘cerebro’-, ¿podría la crisis que se experimenta cerca de la muerte desencadenar de alguna manera, en muchos individuos, un distanciamiento transitorio entre la mente y el cerebro? (...) Mis propias creencias acerca de esta cuestión se inclinan en ese sentido. Se trata de que, simplemente, la hipótesis de la experiencia fuera del cuerpo es lo que mejor se ajusta a los datos disponibles”.

    Ya no es momento de seguir discutiendo sobre si las proyecciones extracorpóreas existen o no. Su realidad parece que está fuera de toda duda. Es por eso, por lo que los especialistas en el tema se dedican actualmente a perfeccionar las técnicas para conseguir el desdoblamiento astral, empleando incluso medios tecnológicos. Y asimismo, averiguar las aplicaciones y beneficios que pueden obtenerse de su práctica, que como bien se sabe, está al alcance de cualquier persona. En eso se centra precisamente la labor del ‘Instituto Internacional de Proyecciología y Concienciología’, fundado en Brasil en el año 1988 (ver anexo 1). Su Directora de Relaciones Públicas, Nanci Trivellato, asegura que: “La maestría de nuestros procesos bioenergéticos es la llave para la proyección astral consciente (...) El estudio de la proyección y la bioenergía está creciendo a un paso consistente. Cualquiera puede aprender a tener proyecciones conscientes y aumentar las frecuencias de éstas, así como a dominar sus bioenergías”.
Creemos que tras estudiarse en profundidad la amplia casuística existente sobre las experiencias extracorpóreas, queda bastante claro que la consciencia puede exteriorizarse y funcionar separadamente del cerebro. Sin embargo, aún nos queda por saber algo fundamental: ¿qué es la consciencia?. Hasta el momento, los neurocientíficos siguen incapaces de responder a esta cuestión...
 
 
 

(Anexo 1)

PROYECCIOLOGIA: LOS BENEFICIOS DEL VIAJE ASTRAL

Desde su fundación en 1988 por el médico Waldo Vieira, el Instituto Internacional de Proyecciología y Concienciología (IIPC), entidad privada con sede en Rio de Janeiro (Brasil), se ha extendido por todo el mundo, con el objetivo de mostrar a los interesados las técnicas y los beneficios de la proyección astral. Solo en Brasil cuentan con 162 profesores y 90 investigadores. En EEUU tienen 64 laboratorios-escuelas. En España poseen dos sucursales, una en Madrid y otra en Barcelona. Desde sus delegaciones internacionales, el IIPC imparte seminarios, talleres, conferencias, jornadas y cursos prácticos. 28.000 alumnos han pasado ya por sus clases. Cualquier persona puede establecer contacto con el IIPC a través de su web: www.iipc.org/spanish.

Nanci Trivellato, Directora de Relaciones Públicas del IIPC y Editora del Journal of Conscientiology, enumera una serie de beneficios que pueden conseguirse mediante el desdoblamiento astral. Entre ellos destacamos:
1. Pérdida del temor a la muerte.
2. Acceso a otros planos de la realidad.
3. Encuentro con familiares y amigos ya fallecidos.
4. Desarrollos de las facultades parapsicológicas.
5. Descubrimiento de nuestra misión en la vida.
6. Equilibrio y autoconfianza.
7. Madurez intelectual y autoconocimiento.
8. Evolución espiritual y despertar de conciencia.

Las metas del IIPC son:
Estudiar la conciencia. Promover el auto-conocimiento holosomático. Desarrollar métodos y técnicas para el estudio e investigación del fenómeno de la Proyección Consciente (experiencia fuera-del-cuerpo). Desarrollar tecnología para la investigación de las bioenergías. Formar profesores e investigadores (proyecciólogos y concienciólogos) en el área de Proyecciología y Concienciología. Divulgar los resultados de los experimentos de las investigaciones de la Proyecciología y la Concienciología. Promover la holo-madurez del individuo.
 


NOTAS SOBRE EL AUTOR:

MOISES GARRIDO VAZQUEZ   es  investigador y divulgador  de temas relacionados con Ufología y Parapsicología. Es director y presentador de programas radifónicos y colaborador de las mas importantes revistas especializadas (ENIGMAS, MAS ALLA, y la desaparecida KARMA-7 ). Es codirector del programa de radio "Frontera de lo Desconocido" (COPE-Huelva). Es uno de los mayores expertos de España en temas relacionados con apariciones marianas y sectas, siendo uno de los mas activos y destacados investigadores andaluces con proyección internacional.

Para cualquier comunicación sobre el tema de este trabajo, o cualquier otro: 


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