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Crítica literaria

JESÚS Y EL CÓDIGO DA VINCI.


Por: Salvador Sandoval Martinez.
Licenciado en Filología clásica.


     Con varios millones de ejemplares vendidos, traducida a treinta idiomas y ya con un proyecto firme para llevarla a la pantalla, El código Da Vinci, de Dan Brown, se ha convertido en la novela de ciencia-ficción religiosa más vendida de los últimos tiempos.  Se trata de una obra con pretensiones de verosimilitud, que propone la tesis – en absoluto novedosa, como veremos después - de que Jesús estuvo casado con María Magdalena, que le dio, al menos, una hija. La familia de Jesús pasó al sur de Francia, donde, con el devenir del tiempo, dio lugar a la dinastía merovingia.


 
 
  Toda esta explosiva información habría permanecido encriptada a lo largo de los siglos en mil códigos secretos estratégicamente esparcidos, fundamentalmente, en catedrales construidas por templarios y en cuadros de pintores famosos. Y los custodios de este secreto habrían sido los caballeros de una misteriosa orden: el Priorato de Sión, del que los templarios no serían más que su brazo armado y administrativo. Leonardo da Vinci habría sido uno de los grandes maestres de esta orden, y en su cuadro La última cena se halla la clave de todo este embrollo: el que está a la derecha de Jesús no es el apóstol Juan, como siempre se ha creído, sino María Magdalena, la esposa de Jesús. 

  Ambos, en los orígenes del cristianismo, habrían formado una pareja divina al estilo de la egipcia Isis – Osiris. De acuerdo con esta tesis, la fe de los primeros cristianos consistía, en realidad, en la adoración de lo “femenino sagrado”, culto que la Iglesia oficial establecida por Constantino – a quien se acusa de haber elevado a Jesús a categoría de Dios, cuando hasta entonces nunca se le había considerado tal – habría perseguido con saña en un intento de hacerlo desaparecer. Pero, por lo visto, no lo consiguió.


Portada del libro "El código Da Vinci"
de Dan Brown

     Especialistas en Leonardo y su obra han calificado esta trama como auténtico despropósito. Luis Racionero, que ha escrito una biografía sobre el genial pintor, ha sido contundente: “Lo que narra la novela sobre Leonardo es pura invención”. Periodistas de todo el mundo no han dudado en ridiculizarla. Peter Millar, del Times (Londres), la describe como “el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo de pulp fiction que he leído”. Thomas Roeser, del Chicago Sun Times, escribe lo siguiente: “En nuestra ‘correcta’ sociedad, una declaración racista, antijudía, contraria a los homosexuales o las mujeres puede descalificar a un escritor durante mucho tiempo. Pero no ocurre así con los insultos a Jesucristo y a sus discípulos. Paradójicamente: escribir un libro extenso sobre una conspiración católica llena de chismes supone obtener abundantes beneficios y notoriedad”. Y Bruce Boucher, del New York Times, dice que “más que una película, lo que parece que Brown ha compuesto ha sido una ópera de espías. Aquí viene a propósito la frase de Voltaire: ‘Si algo es demasiado tonto para ser dicho, al menos siempre podrá ser cantado’ ”. Ante la cantidad de errores históricos y geográficos que comete el autor, la periodista del Weekly Standard Cynthia Grenier afirma: “Por favor, alguien debería dar a este hombre y a sus editores unas clases básicas sobre la historia del cristianismo y un mapa”.

    Los distintos críticos de los medios nacionales se han expresado, más o menos, en el mismo sentido. Por citar sólo un ejemplo, el crítico del País, F. Casavella (El País, 17-1-04) califica la novela como “el bodrio más grande que este lector ha tenido entre sus manos desde las novelas de quiosco de los años setenta”, y sobre la competencia de su autor dice: “También se puede pasar por alto que el autor no sea, al fin y al cabo, instruido”, para felicitar a continuación a las editoriales que rechazaron su publicación como “demostración de un resto de dignidad, no sólo en el mundo editorial, sino en el sistema mercantil”
 
 

La enigmática sonrisa del cuadro mas
conocido del genial Leonardo
  Los errores históricos se agolpan a lo largo de la novela configurando una arquitectura argumental lo más parecida a un castillo de naipes. Su inconsistencia no resiste una lectura mínimamente crítica. Y es que da la impresión de que Dan Brown se lo ha inventado casi todo. Y lo que no es producto de su imaginación lo ha sacado de fuentes tan poco fiables como libros esotéricos, paracientíficos y pseudohistóricos, amén de algún evangelio gnóstico que, como el resto de apócrifos y de acuerdo con la opinión de los exégetas serios, carecen por completo de valor histórico. Esto da una idea de la “solidez” de sus planteamientos y del “rigor” con que se ha documentado. No hay que olvidar, por otra parte, que han sido las revistas de lo esotérico las que más pábulo han dado en nuestro país a todo este cuento. Y la imaginación de los escritores esotéricos no tiene límite. Sánchez Dragó podría ser un buen ejemplo.
 

   Como sería muy prolijo dar cuenta exhaustiva de todos los disparates esparcidos por las páginas de este best seller contemporáneo – se podría hacer una tesis doctoral -, baste como botón de muestra los siguientes, y que el lector imagine el resto:
 

1. Un personaje de la novela, el historiador Teabing, dice que Constantino, en el concilio de Nicea del 325, elevó a Jesús a categoría de Hijo de Dios, cuando hasta entonces nadie lo había considerado tal. Falso: en los evangelios canónicos, escritos unos 250 años antes de este concilio, se recogen unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios.

2. Según Dan Brown, la celebración de las Olimpiadas tenía que ver con la diosa Afrodita, cuando casi todo el mundo sabe que se hacían en honor de Zeus.

3. Las catedrales las crearon los templarios. Falso: fueron los obispos quienes las construyeron.

4. El Papa Clemente V eliminó a los templarios y arrojó sus cenizas al Tíber. Pero para que esto fuera cierto, habría que suponerle al Papa citado cualidades sobrenaturales como la bilocación, dado que la sede papal se hallaba, por ese tiempo, en Aviñón, no en Roma.

5. En el cuadro de Leonardo La última cena no aparece el cáliz, el supuesto Santo Grial, y el joven que aparece junto a Jesús no sería San Juan, el discípulo amado, sino María Magdalena. Ella sería, en realidad, el Santo Grial. Lo que parece ignorar el autor es que el cáliz no aparece en el cuadro porque la escena descrita pertenece al evangelio de San Juan, donde no se produce la institución de la Eucaristía.

6. Uno de los personajes de la novela es un malvado monje albino que pertenece al Opus Dei. Concedamos que en el Opus haya albinos, pero casi todo el mundo sabe que en esa institución no hay monjes.


    La lista podría ser interminable. A cualquiera que le interese seguir comprobando los “conocimientos portentosos” de que hace gala Dan Brown en esta novela, puede consultar el artículo escrito por Pablo J. Rodríguez en la siguiente dirección de Internet: www.uas.mx/album/historial/bestseller.htm.

    De todos modos, la historia del matrimonio de Cristo con María Magdalena no es, ni mucho menos, nueva. El autor de El Código Da Vinci ha tenido muy presentes varios libros sobre el tema. Entre ellos uno que hizo fortuna a mediados de los ochenta, El enigma sagrado, obra de tres autores controvertidos y sensacionalistas: M. Baigent, R. Leigh y H. Lincoln. El cúmulo de disparates, tergiversaciones e inexactitudes que exhiben estos “investigadores” en todas y cada una de sus páginas es de tal envergadura, que no exageramos si tildamos la obra de auténtica chapuza. Cualquier persona medianamente informada lo puede comprobar. Pero estoy por aconsejarles que no pierdan el tiempo.

    Pero Da Vinci no es el único pintor “sospechoso” de haber dejado en sus cuadros ciertas claves para descifrar el misterio del verdadero Jesús. Como decía antes, los escritores de lo esotérico y paranormal han sido en nuestro país pioneros en la divulgación de todos los planes conspiranoicos de la Iglesia Católica para ocultar la verdad. Así, en el número de julio de 2001 del periódico Enigmas Express, anexo a la revista Enigmas, aparece un artículo firmado por Jaime Rubio Rosales, en el que se sugiere que María Magdalena fue la esposa de Jesús y que ésta le dio un hijo. ¿Que cómo ha llegado el articulista a semejante conclusión? De un modo muy sencillo: contemplando un cuadro que los dominicos de Santa María Novella encargaron al Giotto y que, según dice él, fue prohibido por la Inquisición en el siglo XIV. El cuadro representa a “un crucificado con el costado abierto y manando sangre. Al final de ambos brazos hay dos pequeños cuadros: en uno de ellos aparece una mujer que se parece más a la Magdalena que a María, la madre de Jesús. En el otro encontramos un cuadro del discípulo amado, Juan Evangelista, ¡pero tiene un parecido tan grande con Jesús que ambos aparecen con el mismo color de pelo, ni rubio ni  moreno, sino pelirrojo, como si el joven del cuadro fuera el hijo de Jesús!”. En fin, todo un ejemplo de cómo mirar un cuadro. Pero hemos de felicitar a Don Jaime Rubio, pues tiene el inmenso privilegio de haber conocido a María Magdalena en vida o, al menos, de conservar una foto suya; de otro modo, ¿cómo habría podido identificarla en el cuadro? Y lo mismo sucede con María, la Madre de Jesús. Por si semejante dislate fuera poco, tiene la feliz idea de citar a ¡Alberto Magno! como líder de un grupo “de iniciados que sabían que Jesús no era un ser mítico, sino un hombre de carne y hueso” (sic), iniciados, se deduce, conocedores del lío amoroso entre ambos personajes y del fruto consiguiente. ¿De dónde ha obtenido esa información? No lo dice, como suele ser habitual en este tipo de publicaciones. Y, créanme, no es una excepción. Es el método “riguroso” con que estos aficionados al esoterismo suelen emprender cualquier tipo de investigación y la prueba manifiesta de que el atrevimiento es hijo de la ignorancia. Dan Brown, un ejemplo más.


NOTAS SOBRE EL AUTOR:

SALVADOR SANDOVAL  MARTINEZ , es Licenciado en Filología Clásica y ejerce como Profesor de Enseñanza Secundaria.
Es miembro del Comite de Redacción de Estigia, responsable del área de Religiones y Mística.
Es un gran conocedor de temas relacionados con la mística, las religiones y la mitología.
Es colaborador habitual y asesor técnico del programa radiofónico "El Ultimo Peldaño", de
Onda Regional de Murcia.
Para dirigirse a él, en relación con el presente artículo o cualquier otro tema: e-mail: 


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