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P r o f e c i a s

DISCURSOS APOCALIPTICOS DE JESÚS.


Por: José García Alvarez
Maestro, escritor y contactado.

    "Ahora, han vuelto a ser perseguidos como en tiempos ya pasados, pero son mis sandalias y estandartes. Yo deposito de nuevo en ellos mi confianza y allí donde estén, iré. Les daré ánimo, paz y empuje, para terminar su trabajo. Pronto, muy pronto, será lo que ha de ser y pasará lo que ha de suceder."

                                                                 JESÚS


  Mucho antes de que Juan escribiera su Apocalipsis en la isla de Patmos, y en los últimos días de la predicación de Jesús el Cristo, éste revelará a sus discípulos una serie de hechos futuros que sucederían al final de esta Generación. El objetivo de estas manifestaciones era que estuvieran preparados y alerta para no dejarse sorprender por los acontecimientos que sucederían en vísperas del cambio de Ciclo del planeta Tierra.
 
 
Estas revelaciones están contenidas en los Evangelios. Con una transcripción parecida en los de Mateo, Marcos y Lucas. El de Juan no contempla este discurso, pero sí la promesa de los Consoladores, los Espíritus de la Verdad, que ya han manifestado su presencia en los tiempos actuales, y sobre todo, en las últimas décadas, han recordado a los seguidores de Cristo todo lo que Él dijo, guiándoles a toda la verdad y anunciándoles las cosas venideras. También han argüido al mundo con respecto al pecado, a la justicia y al juicio. Pero, el mundo no ha querido escuchar, reflexionar y rectificar, y sólo unos pocos han creído que estos “Abogados” sean los Ángeles Extraterrestres.

  Los Discursos Apocalípticos de los Evangelios confirman las vicisitudes postreras de esta Humanidad decadente, reflejadas por Juan en su libro profético, y la mayoría de las profecías predichas por Jesús ya se han cumplido. Sólo quedan unas pocas, prontas a realizarse, en el inmediato porvenir.
 

La interpretación global:

   Es evidente que, cuando Jesús les dijo que no quedaría piedra sobre piedra del templo de Jerusalén, sus discípulos quedaron intrigados. Prueba de ello es, que algunos de ellos aprovecharon un aparte para preguntarle al Maestro, cuándo sucedería eso y cuál sería la señal de su venida y del fin del mundo.

  Jesús amaba mucho a sus discípulos, y sabiendo que todos ellos iban a reencarnar en el siglo XX, no quería que ninguno se perdiera porque alguien lo engañara, como sucedería con muchos. Les dio, pues, una serie de señales e indicaciones, correspondientes a unos hechos ubicados en los Tiempos Finales, y en las vísperas del final del Ciclo de este planeta. En las fechas en que se revisan estas líneas, ya han sucedido casi todos, y los pocos que quedan, están prontos a suceder.

  Véanse los hechos predichos como señales y su correspondencia en el devenir de este siglo, próximo a terminar:


1ª SEÑAL: “Oirían hablar de guerras y se levantarían pueblo contra pueblo y reino contra reino”.
 
   Ya han tenido lugar guerras grandes, guerras pequeñas, otras muchas de entidad menor, de las que apenas hay rumores, porque los medios informativos no las consideran importantes para su audiencia o los reporteros no pueden llegar o informar, pero que no dejan de producir multitud de víctimas cotidianamente.

   Es verdad que la guerra, desgraciadamente, ha sido frecuente en toda la historia de la Humanidad, pero, también es cierto, que en el transcurrir del tiempo, este disparate sangriento ha ido aumentando en cantidad, intensidad y generalidad. El deseo acuciante de este espécimen loco y homicida ha sido, permanentemente, el de poseer armamentos cada vez más mortíferos, sofisticados y totalmente eficaces, para hacer más grandes a los enemigos las destrucciones y mortandades.

   En el siglo XX, el progreso tecnológico ha conseguido un salto espectacular en la capacidad bélica de matar y destruir. Ahí están las dos Guerras Mundiales, de 1914 y 1939, para demostrarlo. Dentro de este drama secular planetario, donde aniquilar bélicamente al prójimo se ha convertido en una práctica habitual, se marca un hito, de ninguna manera permisible por la paciencia cósmica, cuando, en 1945, uno de los espíritus satánicos que lidera una de las cabezas de la Bestia, el presidente Truman, decide el lanzamiento sobre Hiroshima y Nagasaki, dos indefensas ciudades japonesas, de un nuevo armamento terriblemente devastador: la bomba atómica. Las llagas eternas de estos holocaustos, marcan el comienzo del tiempo humano, en el que esta generación perversa ya tiene el poder aniquilador suficiente para destruir la célula del Cosmos en la que habita y perjudicar seriamente a las otras que la rodean. Y eso, no puede aceptarlo, ni puede consentirlo la Justicia Divina. Hasta entonces, “aún no era el fin” de esta humana gente, según las palabras de Cristo a sus discípulos, pero, a partir del estallido nuclear, comenzó el devenir de su final.

   Después de la Segunda Guerra Mundial, el rugido de las armas no ha dejado de sonar, “levantándose pueblo contra pueblo y reino contra reino”. Hasta llegar al año 2.004, mucha sangre se ha derramado en la 2ª mitad del siglo XX y comienzos del XXI, en los suelos griegos, coreanos, centroamericanos, vietnamitas, afganos, libaneses, iraníes, iraquíes, soviéticos, palestinos, egipcios, sirios, etíopes, somalíes, malvinos, bosnios, entre otros muchos. Multitud de conflictos, de mayor o menor tamaño, más o menos conocidos por la opinión pública, originados por problemas entre países colindantes, por enfrentamientos religiosos, por motines raciales, por reivindicaciones territoriales, por deseos independentistas o por supuestas “limpiezas étnicas”. Con crueldades psicológicas increíbles. Y todavía habrá más “levantamientos de unos contra otros”, como dijo Jesús, que desembocarán, irremediablemente, según se ven las tendencias y contemplan las profecías, en una Tercera Confrontación Planetaria a corto plazo, de terribles consecuencias, y que agotará la paciencia de Dios. Como dice cierto refrán: “a la tercera va la vencida”. El hombre insensato de este mundo desdichado tendrá que enfrentarse a los efectos que ha producido con su proceder equivocado. Y ese será su fin.
 

2ª SEÑAL: “Vendrían muchos usurpando el nombre de Cristo y engañando a muchos”.

   Así ha sido. El siglo XX los ha contemplado a centenares. Numerosos han surgido en todos los rincones del mundo, encabezando sectas, fundaciones, comunidades, doctrinas variopintas y pseudoreligiones. Algunos produciendo espantosas masacres, asesinatos o suicidios colectivos, que han horrorizado al mundo. Otros, influyendo sobre las mentes, sobre las conciencias, sobre las economías de millones de incautos que han caído en sus redes satánicas, convirtiéndose en simples marionetas de sus fines inconfesables. Los falsos Mesías han pululado, aún pululan y durante ya poco tiempo pulularán sobre la tierra, montando escenarios con grandes farsas y espectáculos aparentemente prodigiosos, concentraciones y aglomeraciones de masas, con los que han captado y captarán grandes cantidades de adeptos a los que seguirán engañando y lavando el cerebro hasta el último día.

   Llegado un momento determinado, cae la careta, y los prosélitos, descubierta la impostura, han comprobado y comprobarán que son farsantes, no teniendo ya a qué aferrarse. Sobre todo, los seguidores del Falso Profeta, con mayúscula, que pronto mostrará su verdadera cara. Pero, ¡bien!, porque así aprenderán.

   Cristo sabía de su facilidad de palabra y su poder de sugestión. Por ello, alertó a sus discípulos, haciéndoles ver que, en su última reencarnación al final de los tiempos, cuando estarían esperando Su llegada, deberían estar vigilantes y no confundirse, pues muchos impostores pretenderían hacerse pasar por Él. Como precaución, no debían ir a ningún lugar donde les dijeran que Él estaba, ya que su venida sería inconfundible, fulminante y esplendorosa, como después se verá, tras las señales anunciadas.
 

3ª SEÑAL: “Habría hambre y terremotos en diversos lugares”.

   Basta con echar mano de las estadísticas, para comprender que esta 3ª señal ha sido y es de una operancia innegable en estos tiempos apocalípticos. Desde los comienzos de este siglo, por culpa de las guerras, de la sequía, de las plagas, de la superpoblación, del acaparamiento egoísta de los países ricos en perjuicio de los pobres, el hambre ha ido creciendo por todo el planeta. A tal extremo ha llegado la escasez que, a finales de los años 80, se calculó que en el mundo sólo quedaban existencias de cereales para 58 días. China, por ejemplo, padecía una sequía terrible, y contemplaba la posibilidad de que el hambre se extendiera por todo el país. En la Europa del Este y Rusia se racionaban los alimentos y Estados Unidos perdió un tercio de sus cosechas.

   En Latinoamérica, en la mayor parte de Asia y África, hace tiempo que las hambrunas son endémicas. Se calcula que 60 millones de personas murieron de hambre a comienzos de los años 90, y que, ahora, finalizando esa década, cada día mueren 40.000 bebés en los países subdesarrollados, por falta de alimentos. Y esto no es nada, comparado con los índices que habrá en los años venideros, tras haber estallado la Tercera Guerra Mundial.

   En cuanto a los terremotos, se ha ido registrando en estos Tiempos Finales una creciente actividad sísmica. Y los temblores han ido ganando en intensidad. Desde 1950 a los días que corren, la cifra de grandes terremotos, de índices superiores a 6 grados en la escala de Richter, casi se han triplicado con respecto a los producidos en la 1ª mitad del siglo XX.

   Después del terremoto de Agadir, en Marruecos, con 10.000 muertos, el de Chile con 7.000 víctimas, ambos en 1960, y el de Turquía, de 1.966, con cerca de 6.000 muertes, en los últimos 30 años, se han registrado en el mundo cerca de 40 de los llamados “seísmos asesinos”, causantes de más de un millar de víctimas. Al de mayo de 1970, devastador de la región peruana de Chimbote, que, con una magnitud de casi 8 grados, mató 70.000 personas, le siguió el de Guatemala, en febrero de 1976, con 7 grados y medio y la muerte de 25.000 habitantes. Tras el de mayo, en la región italiana de Friuli, con miles de muertos, decenas de miles de personas sin hogar y pérdidas materiales de cien mil millones de dólares, en julio de ese mismo año, un gigantesco temblor, de casi 9 grados de índice, destruyó una amplia región de China, causando cerca de un millón de muertos, y en noviembre, Turquía también sería probada, con un saldo de más de 5.000 víctimas mortales. En 1977 hubo terribles temblores en Rumania, en Japón, en Irán, en Europa Oriental y en Guadalcanal (Islas Salomón), con saldos elevados de víctimas. Irán padeció un terremoto de 7’7 grados en septiembre de 1978, con una cuenta provisional de más de 25.000 muertos. Los años sucesivos registraron movimientos importantes en diversos lugares del globo, hasta que, en septiembre de 1985, un violento seísmo de 7’9 grados, que afectó a México capital, causó más de 20.000 muertes y gravísimos daños materiales. Más tarde, en diciembre de 1988, Armenia se vio sacudida por un fuerte temblor de más de 7 grados, que mató cerca de 70.000 personas. Otra vez Irán, en 1990, vio perder la vida a 55.000 seres humanos, tras un seísmo de 7’8 grados, tras una cadena de 2.500 temblores en una semana, habidos en el Japón el año anterior, como una repetición de los 17.000 terremotos menores habidos en suelo japonés, en 1988, en el espacio de 48 horas.

   En la década de los 90, la tierra no dejó de temblar, y muchos lugares conocieron los efectos de sus sacudidas, como Pakistán, China, India, Egipto, Nicaragua, Colombia y Turquía. Ayer, 24 de febrero del 2.004, tuvo lugar el de Alhucemas, terrible desastre entre otros que han dejado sentir su potencia en los primeros años de este tercer Milenio. Y todo esto no ha sido “nada más que el principio de los dolores”. En los días que restan para el final de esta Generación, se incrementarán los temblores devastadores, alcanzando algunos, magnitudes increíbles en la escala de los grados, como los que arrasarán la región de Los Ángeles, San Francisco, Nueva York y otras populosas ciudades, con la muerte masiva de millones de seres. De aquí a poco, se producirán los terremotos más grandes que jamás se hayan visto.

   Indudablemente, el Cristo dio a sus discípulos unas señales muy claras.
 

4ª SEÑAL: “Habría también pestes, apariciones terroríficas y en el cielo grandes prodigios”.

    La peste es una enfermedad epidémica que causa gran mortandad. Esto es sabido. Al aludirla en plural, Jesús indicó, sin duda, la proliferación de enfermedades infecciosas en los tiempos finales, como una más de las señales a tener en cuenta por sus discípulos.

   Es ostensible que, en la 2ª mitad del siglo XX, el mundo se ha ido dirigiendo, paulatinamente, hacia una crisis de la salud pública, y sobre todo en los últimos 25 años, han aparecido más de 40 enfermedades nuevas, como el ébola, el SIDA, diversas clases de hepatitis y diferentes virus potencialmente mortales, además del resurgimiento de antiguas enfermedades infecciosas como el cólera, la tuberculosis, la difteria, la malaria y otras. Y lo peor es que, prácticamente, la mayoría de los agentes patógenos son resistentes a los tratamientos con medicamentos e incluso, a algunos antibióticos.

  Según algunas estadísticas, totalmente fiables, en 1995, por ejemplo, de los casi 60 millones de muertes ocurridas en el planeta Tierra por diferentes causas, más de una tercera parte fueron provocadas por esas “pestes”. La comunidad internacional, que en las décadas anteriores había llegado a una complacencia fatal, guiada por el optimismo de que muchas de esas enfermedades infecciosas podrían ser controladas muy fácilmente, se encuentra ahora, en el año 2.004, con el hecho inquietante de que, las enfermedades emergentes, amenazan seriamente la salud de esta Generación.

   Cristo lo señaló y ahora el tiempo lo ha confirmado. Es un hecho tan real e innegable en los días que corren, como las “apariciones terroríficas” y los “grandes prodigios” en el cielo. Porque, es evidente que esta generación actual está viviendo acontecimientos y viendo manifestaciones jamás vistos ni vividos antes por la Humanidad. Sólo es preciso conectar el televisor o recurrir a otros medios de información, para comprender que ésta es la época de las visiones terroríficas, con el culto a las escenas que consagran la violencia, el terror, el crimen, las drogas, la delincuencia, el odio, la deshumanización, la degeneración generalizada y la inversión de todos los valores morales y éticos. Hoy existe el predominio de todo lo que siempre ha aterrado al ser humano, fomentado por una ciencia sin consciencia, ni conciencia, que ha extendido su jurisdicción hasta el mismo cielo, donde los “prodigios” de la técnica, con sus ingenios científicos, han iniciado el dominio del espacio con la intención malsana de agredir a la Tierra. Y es que, como dijo el Maestro de Maestros, “la maldad creciente ha enfriado la caridad de los más”.

   Sin duda, los discípulos de Jesús han podido comprobar ya esto que Él dijo entonces. Como saben también que “el que persevere hasta el fin, ése se salvará”.
 

5ª SEÑAL: “Ellos serían perseguidos, torturados, muertos y odiados por todos los pueblos, por ser verdaderos cristianos”.

    Eso, también se ha cumplido. Como los que antes fueron, ahora son, durante décadas, desde el comienzo de los tiempos apocalípticos, los discípulos reencarnados del mismo Maestro de antaño, el Cristo, han seguido haciendo lo que Él les enseñó. Esta quinta señal, que Él les dijera, la han comprobado en sus propias carnes. Les han perseguido, mofado, ridiculizado, escarnecido, negado su Verdad. Muchos de ellos han sido y serán torturados; otros, muertos y odiados por todos a causa de que sus palabras irán en contra de los intereses mezquinos de los que se complacen en ser ciegos y sordos.

   Todos los Justos han sido víctimas de todo tipo de persecuciones, incluso por parte de sus familiares y amigos más allegados. Muchos, como el Profeta de Sicilia, Eugenio Siragusa, el nuevo Apóstol de los tiempos postreros y embajador sublime de los Extraterrestres Angélicos, calumniado, encarcelado y vituperado, sólo por extender el Amor y la Verdad. Otros morirán, como los dos Testigos gloriosos del Señor, asesinados por la sola causa de regalar el Bien y difundir la necesidad de rectificación ante el Final que se aproxima. Pero, pronto, Dios testimoniará de ellos, y tendrán que reconocerlo todos aquellos que no han creído, se han mofado o los han perseguido. Ellos son, como entonces fueron, sandalias y estandartes de Cristo, y allá donde estén Él irá a buscarles y serán con Él, UNO, en el camino. Pronto, muy pronto será lo que ha de ser, y pasará lo que ha de suceder.

6ª SEÑAL: “El Evangelio se predicaría en el mundo entero, en testimonio para todas las naciones, y entonces vendría el fin”.

   Esta señal también se ha cumplido. La Biblia, conteniendo los Evangelios, es el libro más extendido por el mundo en los años transcurridos durante el siglo XX, especialmente en su segunda mitad. Es raro que quede sobre la tierra un solo lugar donde no se conozca la Buena Nueva de la próxima instauración del Reino de Dios sobre la Tierra. Y si aún lo hay, no tardará en llegar un misionero con su texto evangélico bajo el brazo.

   Como también han llegado los mensajes de los Consoladores, los Abogados del Cielo, amonestando sobre el pecado, la justicia y el Juicio, vía Eugenio Siragusa, el gran profeta y mensajero de Sicilia, que, con su movimiento mesiánico “Fraternidad Cósmica”, durante las últimas décadas de este siglo, ha hecho llegar la Verdad cósmica, y toda la Verdad evangélica, hasta los más recónditos rincones de este orbe, mediante sus famosos Boletines, plenos de sabiduría universal. Esto, antes de ser perseguido y maltratado por la inducción de los que son lobos bajo la piel de cordero.

  Los hombres de esta Humanidad, ciega, sorda y descreída, ya no podrán decir “No lo sabía”.
 

7ª SEÑAL: “Habría señales en el Sol, en la Luna y en las estrellas”.

  Será la última señal que tendrán como referencia sus discípulos, antes de la inmediata venida de Jesús. En el tiempo en que estamos, es ya un hecho inminente. Transcurriendo el desarrollo de la última gran prueba para la Tierra, la Tercera Guerra Mundial o tercer ¡Ay! apocalíptico, que producirá una tribulación tan grande como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la volverá a haber. Llegarán en fechas próximas a ser tan altos los niveles de angustia y exterminio, que si el Señor no acortara los días venideros, nadie se salvaría; pero, en atención a los Elegidos, lo hará.

  El Sol se pondrá negro como un saco de crin, la Luna entera como sangre, y las estrellas del cielo caerán sobre la tierra, como una higuera suelta sus higos verdes, cuando es azotada por un viento fuerte. Eso dice Juan, en la apertura del 6º Sello de su Apocalipsis. Y eso dijo Cristo a sus Apóstoles. Ambas luminarias perderán su resplandor y artefactos espaciales caerán sobre la superficie del planeta, antes de que el mapa del cielo cambie su panorámica y sus columnas se tambaleen después, cuando el Eje de la Tierra varíe su posición. En el momento que los discípulos vean todas esas cosas, en un tiempo ya próximo, sabrán que su Maestro Jesús ya está muy cerca, a las puertas. La tierra y el cielo ofrecerán otra vista diferente en el momento en que acabe esta generación, y sus anteriores estructuras pasarán al recuerdo, pero las palabras del Hijo del hombre no pasarán. Todo tendrá cumplimiento.

. . . . . . . . . .

    Bien, aparte de estas 7 grandes señales, totalmente identificables en el devenir de este tiempo, hay otros 7 signos o avisos dignos de tener en cuenta, completamente actualizados, o casi, a saber:
 

a)     Se escandalizarán muchos ante la corrupción generalizada en todos los sectores de la sociedad: la política, la banca, las religiones, el deporte, las inmoralidades de famosos, los adulterios de grandes figuras, etc.
b)     Muchos se traicionarán y se odiarán mutuamente. La traición y el odio están ya a la orden del día, de manera mutua y generalizada, en todas las parcelas de las relaciones sociales. Odios y traiciones entre razas, países, familias, esposos, amigos, socios, partidos y empresas...
c)     Se verá a Jerusalén rodeada de ejércitos enemigos que causarán su desolación. Sucederá pronto.
d)     La abominación desoladora, predicha por el profeta Daniel, estará instalada en el lugar santo. ¿Qué mayor abominación puede haber que la cometida por aquél que, siendo reencarnación de Satán, se quiere hacer pasar por Cristo, por el mismo Dios? Pronto se verá.
e)     Se oirá el clamor y la angustia de las naciones, inquietas por el estruendo del mar y de sus olas, expirando de terror y de ansiedad los hombres por lo que le sobreviene al mundo.
f)       Entregarán a la muerte hermano a hermano, padres a hijos e hijos a padres. ¿Qué decir de los fratricidios, parricidios e infanticidios tan frecuentes en los días de hoy, los abortos con los que los padres matan a sus hijos, la eutanasia con la que los hijos ponen fin a la vejez de sus padres? ¿Acaso no es un hecho cotidiano ya?
g)     En aquel tiempo, las mujeres encinta serán desdichadas. Ese “aquel tiempo” es hoy, cuando los hombres perversos han edificado desventuras que destruyen la vida ya desde su comienzo. Porque han saturado el aire de venenos y contaminado de tal modo el agua y la tierra, que ya les falta la pura fuerza vital. Porque las simientes de los hombres han sido degeneradas por dinamismos negativos, y en el vientre de las mujeres ya no existen los adecuados equilibrios naturales de la fecundación, capaces de crear y edificar la salud del cuerpo y la inmunidad contra los males, que, genéticamente, se transmiten de padres a hijos, ampliándolos cada vez más con cínica irresponsabilidad. Porque las drogas y todas las aberraciones que se practican han debilitado las estructuras portadoras de la vida, identificada con la Inteligencia Creadora, a quien los hombres llaman Dios.
    Por esta última señal, por este crimen abominable, y sólo ya por éste, esta generación merece desaparecer y ser sustituida.

    Estamos viviendo ya el conflicto terminal de Palestina, en plena efervescencia de “Paz y seguridad”, que cada día más se desvanecen, hasta que, de pronto, sobrevendrá la ruina, como en su día anunciara Pablo. En fechas ya muy cercanas los israelitas andarán muy trastornados, porque serán días de venganza para que se cumpla todo lo que está escrito.

   La primera pregunta de los Apóstoles: “¿cuándo ocurrirá esto?”, queda contestada por las señales anteriores, la mayor parte de las cuales ya las han podido contemplar, los discípulos vivientes hoy sobre la tierra.

   La segunda pregunta: “¿cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?”, marca el momento culminante, al final de las tribulaciones ya nombradas, tras el defecto luminoso apreciado en el Sol y en la Luna. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, La Cruz (no somos pocos los que ya hemos visto cruces luminosas en diversos lugares de los cielos del mundo), y muchos serán los que darán gracias a Dios, y más aún los que quedarán absortos de estupor, sobrecogidos de terror. Y, unos y otros, verán al Hijo del hombre venir sobre una “nube” (léase nave) con gran poder y majestad, en una aparición llena de gloria y esplendor. Cientos y cientos de naves tripuladas por Seres Angélicos (a los que tantos llaman Alienígenas) acompañarán a Aquél cuyo Reino no es de este mundo, que ya habrá dado el aviso por medio de sus Ángeles Extraterrestres, para reunir a todos los Elegidos que se encuentren bajo todos los cielos del mundo.

    Aunque es verdad que Cristo dijo que el día y la hora exactos de esta venida sólo el Padre los sabía, nada hay escrito sobre que nadie pudiera saber la época: ÉSTA. En la que va a suceder lo mismo que en los tiempos de Noé, en los días que precedieron al Diluvio. Ya estamos, como quien dice, “con el agua al cuello”, y sólo se piensa en el disfrute desordenado de los placeres de la materia. Y los seres inconscientes e irresponsables de esta generación no se darán cuenta, hasta que la venida de Jesús les cogerá por sorpresa, y ya será tarde. Luego vendrá el llanto y el crujir de dientes.

   Así se dijo, así está escrito y así será.
 

Los Consoladores:

  Cristo reveló claramente a sus discípulos, que en la Casa del Padre, el Cosmos, había muchos lugares habitados, muchas moradas donde poder vivir, y que Él iba a dar las instrucciones para que fuera preparado el sitio al que serían llevados los Elegidos, por medio de la gran cosmonave “La Nueva Jerusalén”, una vez que, tras los acontecimientos derivados de la alteración del Eje terrestre, el planeta Tierra permanecería un tiempo, inhabitable.

  Antes de que este desenlace tuviera lugar, Él rogaría al Padre para que les enviara un grupo Consolador, un conjunto de Abogados defensores celestiales, que estarían protegiéndoles, ayudándoles, enseñándoles y aconsejándoles siempre, hasta el final, y cuyas enseñanzas el resto del mundo no podría recibir, pues, ni creerían en su existencia, ni estarían preparados para ello.

  Estos Defensores, Guías o Maestros Cósmicos, les enseñarían todas las cosas que antes no había sido posible, porque no tenían la preparación suficiente para poderlas asimilar, y les recordarían todo aquello que Él, Jesucristo, les había dicho, reconfortándoles y dándoles constante ánimo, sobre todo en aquellos momentos en que las pruebas les serían muy difíciles de superar por su dureza. Pruebas que vendrían, en su mayoría, de un mundo que les odiaría como le habían odiado a Él, puesto que, como Él, no pertenecían a ese mundo, que sólo les hubiera acogido y estimado si hubieran tenido una línea de conducta similar a la de la mayoría de sus moradores.

  Los Abogados Celestiales o Consoladores enviados por el Padre Creador, a los que el mundo ha llamado y llama “Extraterrestres, Alienígenas o Marcianos”, han dado testimonio de lo dicho por Cristo, década tras década, en estos Tiempos Finales y todos, sin excepción ni excusa, han escuchado sus palabras, transmitidas por el incansable siciliano Eugenio Siragusa. Han amonestado a los moradores de la tierra por haberse olvidado del Padre Creador y haber caído en el pecado. Han advertido de la proximidad de la Justicia Divina y de la inminencia del Juicio Final, en el que todos serán juzgados por sus obras, incluyendo al Príncipe de este mundo, Satanás, y a sus secuaces. Y han fortalecido, amado e instruido (aún lo hacen y lo harán) a los auténticos hijos de Dios, guiándoles hasta la Verdad completa, y anunciándoles las cosas venideras.

   Como siempre, se cumple lo dicho por Cristo. Sus discípulos, vivientes en estos tiempos de agonía planetaria, lloran y gimen, mientras el mundo goza. Sus Almas se entristecen al contemplar tanta maldad; pero, pronto, su tristeza se cambiará en alegría: Cuando verán venir a su Señor.

  Aquel día, ya no le preguntarán nada a su Maestro, porque tendrán todas las respuestas.

Que la Paz sea con todos vosotros.

http://www.telefonica.net/web/ovnirama/
http://www.sapiens.ya.com/profetanet/
http://www.librosenred.com/ElProfetadePulpi.asp
 
 


NOTAS SOBRE EL AUTOR:

JOSE GARCIA ALVAREZ es investigador, escritor y divulgador de temas relacionados con Nostradamus, la Misión RAMA y en general con el contactismo.
Ha publicado el libro NOSTRADAMUS DESPIERTA y están a punto de salir al mercado editorial otros trabajos sobre EL APOCALIPSIS y LA PROFECIAS.
Edita la página web PROFETA NET http://www.sapiens.ya.com/profetanet/ , interesante sitio donde pueden encontrar amplia información sobre las profecias de Nostradamus y OVNI RAMA http://www.geocities.com/ovni_rama/    que versa sobre la famosa misión fundada por los hermanos Paz Wells.
Para cualquier comunicación sobre el tema de este trabajo, o cualquier otro: 


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